ÚLCERA PÉPTICA
Nowiki L V, Williams L S, Bradford J L. Función, valoración
y medidas terapéuticas de los sistemas gastrointestinal, hepático y
pancreático. En: Williams L S, Hopper P D. Enfermería Médico-Quirúrgica. 3ª ed.
México: Mc Graw Hill; 2007. p. 707-09.
Para realizar la bibliografía de las afecciones gástricas y
duodenales he decidido enfocarla hacia la enfermedad por úlcera péptica, pues
tengo curiosidad en conocer más de esta enfermedad de la cual apenas había oído
hablar de ella. A continuación realizaré un resumen de lo más interesante de
esta enfermedad.
A la enfermedad por úlcera péptica siempre se le ha
atribuido una causalidad relacionada con hábitos poco saludables como el
tabaquismo y el alcohol, el estrés, la toma de fármacos como esteroides, ácido
acetilsalicílico y antiinflamatorios no esteroideos, etc. Sin embargo,
recientemente se ha descubierto que la gran mayoría de las úlceras pépticas
están provocadas por una bacteria llamada Helicobacter Pylori. Este
descubrimiento ha hecho que se modifiquen la mayoría de los tratamientos para
las úlceras. De esta bacteria se sabe poco, ya que aún se continúa investigando
cuál es su mecanismo de contagio. Los hábitos antes mencionados serían los que
contribuyen al empeoramiento de esta enfermedad.
La fisiopatología de esta enfermedad consiste en una
anomalía en el recubrimiento de órganos como el esófago, estómago, píloro o
duodeno el cual queda erosionado, pudiendo extenderse al peritoneo, por la
acción del Helicobacter Pylori. Ocurre en las zonas expuestas a ácido
clorhídrico y pepsina, los cuales si aumentan, erosionan las paredes. Como
consecuencia, las células secretoras de moco se dañan, y la producción resulta
insuficiente para cubrir las paredes en su totalidad. Los pacientes con
síndrome de vaciamiento rápido llevan una cantidad de ácido al duodeno,
trasladando la úlcera a este. Estas últimas son más comunes.
Los signos y síntomas de la úlcera péptica los podemos
dividir en gástricos y duodenales. Los gástricos se resumen en un ardor o dolor
corrosivo, que puede aumentar con alimentos y antiácidos ineficaces y a las
1-2h de haber comido, posibilidad de aparición de cáncer gástrico, desnutrición
y hematemesis. Los duodenales se resumen en ardor intermitente que puede
aumentar a las 2-4h de haber comido, paciente bien nutrido, y con melenas. En
general los síntomas son anorexia, náusea y vomito.
Para diagnosticar esta enfermedad se dispone de diferentes
pruebas diagnósticas, casi todas enfocadas a la detección de la presencia de
Helicobacter Pylori: la prueba de urea en el aliento, metabolizada por la
bacteria; una prueba de detección de anticuerpos IgG para la bacteria; una
esofagogastroduodenoscopia con la que se realiza un examen histológico; y una
biopsia, la prueba más concluyente.
Para tratar este tipo de úlceras se debe atacar a la
bacteria, y se ha demostrado que el tratamiento más eficaz es el tratamiento
triple, que consiste en la toma de dos antibióticos y un inhibidor de la bomba
de protones: amoxicilina, caritromicina y omeprazol. Por supuesto, incluir la
dieta blanda y el abandono del hábito tabáquico, alcohol y cafeína.
Esta enfermedad, como todas, presenta unas complicaciones
que la pueden hacer potencialmente peligrosa , en concreto, tres: la
hemorragia, la perforación y la obstrucción.
- La hemorragia tiende a presentarse más en las ulceras gástricas, u oculta en heces, incluso pueden llegar a darse sangrados masivos de sangre roja brillante.
- La perforación, más común en duodenales, es muy peligrosa y requiere la intervención quirúrgica inmediata, pues el contenido duodenal pueden trascender hacia el peritoneo pudiendo causar una peritonitis, septicemia o un choque hipovolémico.
- La obstrucción se puede deber a tejido en cicatrización por repetidas ulceraciones de las paredes. Estas ocurren con frecuencias en el píloro y provoca dolor y vómito en la noche.
SUSANA MARTÍNEZ SÁNCHEZ
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