domingo, 9 de noviembre de 2014

Bibliografía 5.

ÚLCERA PÉPTICA

Nowiki L V, Williams L S, Bradford J L. Función, valoración y medidas terapéuticas de los sistemas gastrointestinal, hepático y pancreático. En: Williams L S, Hopper P D. Enfermería Médico-Quirúrgica. 3ª ed. México: Mc Graw Hill; 2007. p. 707-09.

Para realizar la bibliografía de las afecciones gástricas y duodenales he decidido enfocarla hacia la enfermedad por úlcera péptica, pues tengo curiosidad en conocer más de esta enfermedad de la cual apenas había oído hablar de ella. A continuación realizaré un resumen de lo más interesante de esta enfermedad.

A la enfermedad por úlcera péptica siempre se le ha atribuido una causalidad relacionada con hábitos poco saludables como el tabaquismo y el alcohol, el estrés, la toma de fármacos como esteroides, ácido acetilsalicílico y antiinflamatorios no esteroideos, etc. Sin embargo, recientemente se ha descubierto que la gran mayoría de las úlceras pépticas están provocadas por una bacteria llamada Helicobacter Pylori. Este descubrimiento ha hecho que se modifiquen la mayoría de los tratamientos para las úlceras. De esta bacteria se sabe poco, ya que aún se continúa investigando cuál es su mecanismo de contagio. Los hábitos antes mencionados serían los que contribuyen al empeoramiento de esta enfermedad.

La fisiopatología de esta enfermedad consiste en una anomalía en el recubrimiento de órganos como el esófago, estómago, píloro o duodeno el cual queda erosionado, pudiendo extenderse al peritoneo, por la acción del Helicobacter Pylori. Ocurre en las zonas expuestas a ácido clorhídrico y pepsina, los cuales si aumentan, erosionan las paredes. Como consecuencia, las células secretoras de moco se dañan, y la producción resulta insuficiente para cubrir las paredes en su totalidad. Los pacientes con síndrome de vaciamiento rápido llevan una cantidad de ácido al duodeno, trasladando la úlcera a este. Estas últimas son más comunes.

Los signos y síntomas de la úlcera péptica los podemos dividir en gástricos y duodenales. Los gástricos se resumen en un ardor o dolor corrosivo, que puede aumentar con alimentos y antiácidos ineficaces y a las 1-2h de haber comido, posibilidad de aparición de cáncer gástrico, desnutrición y hematemesis. Los duodenales se resumen en ardor intermitente que puede aumentar a las 2-4h de haber comido, paciente bien nutrido, y con melenas. En general los síntomas son anorexia, náusea y vomito.

Para diagnosticar esta enfermedad se dispone de diferentes pruebas diagnósticas, casi todas enfocadas a la detección de la presencia de Helicobacter Pylori: la prueba de urea en el aliento, metabolizada por la bacteria; una prueba de detección de anticuerpos  IgG para la bacteria; una esofagogastroduodenoscopia con la que se realiza un examen histológico; y una biopsia, la prueba más concluyente.

Para tratar este tipo de úlceras se debe atacar a la bacteria, y se ha demostrado que el tratamiento más eficaz es el tratamiento triple, que consiste en la toma de dos antibióticos y un inhibidor de la bomba de protones: amoxicilina, caritromicina y omeprazol. Por supuesto, incluir la dieta blanda y el abandono del hábito tabáquico, alcohol y cafeína.

Esta enfermedad, como todas, presenta unas complicaciones que la pueden hacer potencialmente peligrosa , en concreto, tres: la hemorragia, la perforación y la obstrucción.
  • La hemorragia tiende a presentarse más en las ulceras gástricas, u oculta en heces, incluso pueden llegar a darse sangrados masivos de sangre roja brillante.
  • La perforación, más común en duodenales, es muy peligrosa y requiere la intervención quirúrgica inmediata, pues el contenido duodenal pueden trascender hacia el peritoneo pudiendo causar una peritonitis, septicemia o un choque hipovolémico.
  • La obstrucción se puede deber a tejido en cicatrización por repetidas ulceraciones de las paredes. Estas ocurren con frecuencias en el píloro y provoca dolor y vómito en la noche.

SUSANA MARTÍNEZ SÁNCHEZ


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