lunes, 20 de octubre de 2014

Bibliografía 3.

EL PACIENTE  POSTOPERATORIO

Smeltzer S, Bare B. Enfermería Médico-Quirúrgica. Vol I. 10ª ed. México: McGraw-Hill Interamericana; 2004. p. 488-513.

He elegido este libro porque explica de forma completa y con profundidad todo el proceso, con lo cual resulta un libro de gran ayuda para realizar consultas complejas. A continuación realizare un resumen de lo que me ha parecido más interesante y que podría complementar muy bien a lo dado en clase.

El periodo posoperatorio abarca desde que el paciente deja el quirófano y finaliza cuando se le da el alta y abandona el hospital, y es de duración variable. Durante este periodo los cuidados de enfermería se basan en reestablecer el equilibrio fisiológico del paciente, aliviar el dolor, prevenir complicaciones y educar al paciente para que realice su autocuidado con eficacia.
El postoperatorio se divide en inmediato (fase I, para personas que requieren cuidados intensivos de enfermería, y fase II, para personas que requieren una observación menos frecuente y menos cuidados, propios de pacientes con cirugía sin ingreso) y en diferido. El primero abarca desde que el paciente entra en la URPA hasta que sale de ella para ser trasladado a la habitación de hospitalización quirúrgica. El diferido va desde que el paciente entra en la habitación de hospitalización hasta que es dado de alta por el cirujano.
En el traslado del paciente desde el quirófano hasta la sala de despertar  se debe prestar mucha atención a la hipotensión en los cambios de posición, y a las heridas y sus suturas, pues algunas están en tensión. El paciente debe ir siempre que se traslade vigilado por el anestesista en la cabecera que controla que sus vías de respiración permanecen abiertas y otro personal de la salud en el otro lado. Cuando se deposita al paciente en la cama se le acomoda el entorno y se le hace una valoración, tras haber recibido la información referente a la operación.
En la sala de despertar el objetivo principal es que el paciente restablezca sus funciones cardiorrespiratorias por completo, por eso los cuidados van dirigidos a estos sistemas principalmente, además de que son los más susceptibles de padecer las complicaciones postoperatorias. Se hace una valoración inicial, en la que se comprueban  la saturación de oxígeno, la regularidad y amplitud del pulso, profundidad y naturaleza de las respiraciones, color de la piel, nivel de conciencia y habilidad para responder a las órdenes, principalmente. Tras la valoración inicial, cada 15 minutos se vuelve a valorar el estado físico general y las constantes vitales para comprobar la evolución, por orden de prioridad:

-          Conservación de la permeabilidad de las vías respiratorias:  para prevenir la hipoxemia y la hipercapnia, que pueden surgir si las vías respiratorias están obstruidas y hay hipoventilación

-          Conservación de la estabilidad vascular: para prevenir la hipotensión y choque, la hemorragia, la hipertensión y las arritmias.

-          Alivio del dolor y la ansiedad: con la administración de analgésicos y opioides.

-          Control de la náusea y el vómito: para ellos se le suministran durante y después de la operación fármacos antieméticos. Hay que prestar especial atención al paciente cuando avise de que tiene náuseas y evitar que llegue a la altura de las vías respiratorias y con ello provocar una aspiración del vómito.

El paciente es dado de alta de la URPA para ser ingresado en la unidad de hospitalización una vez sus signos vitales sean estables, esté orientado en cuanto a lugar, acontecimientos y tiempo, no tenga trastornos pulmonares derivados de la operación, tenga una saturación apropiada de oxígeno, un gasto urinario adecuado y dolor, náuseas y vómitos controlados.
En las primeras horas se debe hacer un seguimiento continuo cada poco tiempo para controlar que el paciente está estable y no se le presentan complicaciones.
Una vez la enfermera de la sala de hospitalización recibe la información de la valoración que se le ha estado haciendo en la URPA, realiza de nuevo una valoración para a partir de ella planear los cuidados postoperatorios y llevar a cabo las intervenciones necesarias para controlar y evitar problemas como:

-          Complicaciones respiratorias: a causa de la anestesia, el paciente tiene los músculos para la respiración deprimidos y puede incluso llegar a producirse una atelectasia.

-          El dolor postoperatorio: dependiendo del tipo de incisión, el lugar y la magnitud intervenida, puede influir en la intensidad y percepción del dolor, el cual se debe controlar.

-          Estimulación del gasto cardiaco: los cambios en el volumen circulante, el estrés de la cirugía, los efectos de los medicamentos y las preparaciones preoperatorias afectan en conjunto a la función cardiovascular.

-          Alentar la actividad: la deambulación precoz es el más importante de los procesos que el paciente debe llevar a cabo ya que la realización de la misma dispone al paciente para que todo el ritmo del organismo se recupere, es decir, se recupera la movilidad del aparato digestivo, se activan sistema circulatorio y respiratorio, etc…

-          La cicatrización de la herida: se debe valorar a menudo el sitio quirúrgico para ver cómo evolucionan los bordes de la incisión, la sujeción de los puntos, el tono rojizo, hipersensibilización o drenaje. También se debe examinar el a´rea en torno a la herida para comprobar si hay reacciones al apósito, etc.

-          Cambio de vendaje: la enfermera es la que se encarga de cambiarlos en el periodo posoperatorio inmediato, y estos deben realizarse para disponer de un ambiente apropiado para la cicatrización, para absorber el drenaje, para inmovilizar la herida, para proteger la herida contra la contaminación bacteriana, fomentar la hemostasia, y brindar comodidad física y mental al paciente.

-          Conservación de la temperatura corporal normal en el paciente.

-          Tratamiento del funcionamiento gastrointestinal y reanudación de la digestión del paciente para restablecer el ritmo digestivo y poder retirar rápidamente la fluidoterapia.

-          Tratamiento de la micción voluntaria para la retirada de vías del paciente y así evitar ensanchamientos de esfínteres y otras complicaciones.

-          Mantener un ambiente seguro para el paciente y proporcionarle apoyo emocional y familiar.

-          Evitar complicaciones potenciales derivadas de las intervenciones llevadas a cabo en el postoperatorio.


Una vez se establezca una estabilidad en el paciente y no se observen complicaciones, además de que haya recuperado toda la funcionalidad y esté completamente orientado podrá procederse al alta del paciente.


Susana Martínez Sánchez

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